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domingo, 28 de abril de 2019

PALABRAS A YIYIS

Querida  familia Camacho Márquez, familia Márquez Sarmiento, demás familiares y amigos

El ángel del dolor ha tocado otra vez la puerta de nuestra familia… En esta oportunidad, después del gran vacío dejado por doña Oliva, hace cinco años,  nos conmociona nuevamente la inesperada partida de nuestra querida Yiyis. Ese perro fiel, pero importuno del dolor, nos muestra, a los que nos quedamos, la cruenta realidad de la finitud de la existencia humana y la posibilidad del pesar infinito, por no haber dado lo mejor de nosotros mismos a la persona que parte.


Porque el merecido estado evolutivo, del que parte a una forma de vida inimaginada, por el misterio que encarna la mutación del espíritu, es una conquista reservada para seres, que como Doña Yiya, logran trascender por lo inmaculado de su existencia.

Solo trasciende, nos enseña la teología, quien rige su vida por principios más elevados que los del placer; quien sigue dolorosamente su conciencia, cuando podría haber pactado, para obtener ventajas personales; quien acepta sus limitaciones internas, viviendo con coraje su existencia; y quien convierte en medio de crecimiento y de autorrealización personal la calamidad y los obstáculos inevitables de la vida.  

Solo quien vive en profundidad este modo de ser espiritual, como ella lo hizo, convierte su existencia en trascendencia viva, que es más excelente que el éxito y más reconfortante que la simple felicidad.

He allí la configuración de la santidad, dignidad que se le hubiera podido conceder,  a nuestra adorada yiyis, si su acción se hubiera proyectado en la esfera de lo público, pero, como solamente nosotros, su familia y amistades cercanas fuimos los receptores de su grandeza, es en nuestros corazones donde queda grabada la huella indeleble de su santidad.

Sin duda, ella, como mujer cabeza de familia ejemplar se proyectó fecundamente, como el sembrador que esparce semillas sobre la historia, en ustedes sus hermanos, y en su descendencia, como promesa y esperanza. Apóstol de la familia que reclama hoy en día, con urgencia, nuestra nación, dado el grave desconcierto ético por el que atraviesa la familia, reflejo y fundamento de la sociedad.


Digo se proyectó fecundamente, porque ella ya cumplió, como la que más, al alcanzar la mejor versión de sí misma,  y contribuir a que los demás puedan encontrar la propia.

Como en el año 2014, con la partida de doña Oliva, habíamos adquirido el compromiso de dar lo mejor de nosotros mismos para contribuir en la consolidación de la fraternidad en la familia Marquez Sarmiento, somos testigos presenciales de la refrendación de este compromiso, por parte de yiyis, sin embargo, también, debemos preguntarnos si nuestro comportamiento también valida dicho compromiso y si estuvimos a la altura de la santidad alcanzada por ella.


lunes, 20 de enero de 2014

PALABRAS A DOÑA OLIVA

Querida  familia Márquez Sarmiento

El natural duelo que nos produce la inevitable partida de nuestra adorada Doña Oliva, es una dura e inexorable ley de la vida, que nos estremece y que nos muestra cruentamente la realidad de la finitud de la existencia humana. Ese perro fiel pero importuno del dolor nos muestra su peor faceta a quienes nos quedamos.

Porque el merecido estado evolutivo del que parte a una forma de vida inimaginada, por el misterio que encarna la mutación del espíritu, es una conquista reservada para seres, que como Doña Oliva logran trascender por su inmaculada existencia.

Sin duda, ella y Don Manuel se proyectaron fecundamente, como el sembrador que esparce semillas sobre la historia, en ustedes sus hijos, como promesa y esperanza. Apóstoles de la familia que reclama hoy en día, con urgencia, nuestra nación, dado el grave desconcierto ético por el que atraviesa la familia, reflejo y fundamento de la sociedad.

Digo se proyectaron fecundamente, porque ellos ya cumplieron, como los que más, al entregar al mundo y a la sociedad una hermosa y numerosa familia, construida con entrega, dedicación, tesón, sacrificio, privaciones e incluso con la deficiente protección de sus propios derechos individuales, para garantizar los beneficios de un colectivo, ustedes, nosotros… ¡la gran familia Márquez Sarmiento! bien colectivo, ontológicamente superior.

Miremos  a nuestro alrededor, a toda esta familia. ¡Da gusto! Es nuestra familia. Es nuestra única, cierta y verdadera alegría. Porque representamos lo que ellos sembraron en nosotros.

Está en nuestras manos que esta ejemplar familia, simbolizada por sus catorce hijos, se consolide o se fragmente, como arcas aisladas que solo se fortalecen con la intercomunicación, en la unión sinérgica, cuyos resultados son comparables a los de un milagro.

Creo que, si somos muy vigilantes de nuestros comportamientos, si logramos superar las poderosas fuerzas restrictivas de los apetitos, las pasiones humanas y la codicia podremos lograr mantener la unión fraterna y familiar que todos deseamos. Lo cual sería un logro muy significativo, no solo porque dignificaríamos nuestras existencias, sino porque estaríamos  honrando la memoria de MAMÁ OLIVA.


martes, 22 de noviembre de 2011

PALABRAS A MI PADRE

La inesperada partida de nuestro querido Don Juan, como afectuosa y respetuosamente le decíamos, nos impone la colosal tarea de perpetuar su legado. Creemos que es la mejor manera de honrarlo, en medio del natural duelo que nos embarga.

Su vida fue una constante lucha por superar las poderosas fuerzas restrictivas de los apetitos, las pasiones y la ambición que nos aferran a nuestros malos hábitos y que actúan sobre nuestras vidas para acabar con toda nueva iniciativa de cambio comportamental.

Para superar la fuerza restrictiva de los apetitos ejercitó la autodisciplina y el sacrifico; para superar las fuerzas restrictivas de las pasiones humanas negativas, tales como la envidia, el orgullo, etc., fue preciso mejorar su carácter siguiendo las leyes y principios de la cosecha, pues comprendió que no existen atajos hacia el éxito perdurable; y para superar la fuerza restrictiva de la ambición decidió dedicar su talento y dones a fines nobles y a prestar servicio a los demás. La superación de estas poderosas fuerzas fueron su ideal y su conquista.

Como persona ética consideró toda transacción económica como una prueba para su responsabilidad moral, pues con ello canalizó su energía a través de la obra que realizó; tal fue la impronta de su libro de vida. Su bondad de carácter se ponía de manifiesto en todas las relaciones que establecía, pues con su trato respetuoso alentaba constante e incondicionalmente a su interlocutor a afirmar su valor y potencial humanos.

Como la felicidad y la trascendencia devienen de la grandeza primaria, la cual consiste en educar y obedecer a nuestra conciencia, ese don humano exclusivo que distingue la congruencia y la disparidad con los principios correctos y nos eleva hacia ellos, fue quizás el ajuste de su comportamiento a dichos principios su mayor virtud y felicidad. 

Finalmente, solo para honrarlo quiero hacer público un escrito inédito suyo que revela su talante: "Los que no delinquimos, no lo hacemos por miedo a la sanción social, o a las normas, o a la magnitud de la sanción legal; los que no delinquimos no lo hacemos es porque nuestra alma no nos lo permite". 

Aunque sus enseñanzas viven en nosotros sus hijos, nos queda la monumental tarea de emularlo para glorificarlo y dignificar nuestras existencias.