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Querida familia Camacho Márquez, familia Márquez Sarmiento, demás familiares y amigos
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El
ángel del dolor ha tocado otra vez la puerta de nuestra familia… En esta
oportunidad, después del gran vacío dejado por doña Oliva, hace cinco
años, nos conmociona nuevamente la inesperada
partida de nuestra querida Yiyis. Ese perro fiel, pero importuno del dolor, nos
muestra, a los que nos quedamos, la cruenta realidad de la finitud de la
existencia humana y la posibilidad del pesar infinito, por no haber dado lo
mejor de nosotros mismos a la persona que parte.
Porque
el merecido estado evolutivo, del que parte a una forma de vida inimaginada,
por el misterio que encarna la mutación del espíritu, es una conquista
reservada para seres, que como Doña Yiya, logran trascender por lo inmaculado
de su existencia.
Solo
trasciende, nos enseña la teología, quien rige su vida por principios más
elevados que los del placer; quien sigue dolorosamente su conciencia, cuando
podría haber pactado, para obtener ventajas personales; quien acepta sus
limitaciones internas, viviendo con coraje su existencia; y quien convierte en
medio de crecimiento y de autorrealización personal la calamidad y los obstáculos
inevitables de la vida.
Solo
quien vive, en profundidad este modo de ser espiritual, como ella lo hizo, convierte
su existencia en trascendencia viva, que es más excelente que el éxito y más
reconfortante que la simple felicidad.
He
allí la configuración de la santidad, dignidad que se le hubiera podido conceder,
a nuestra adorada yiyis, si su acción se
hubiera proyectado en la esfera de lo público, pero, como solamente nosotros,
su familia y amistades cercanas fuimos los receptores de su grandeza, es en
nuestros corazones donde queda grabada la huella indeleble de su santidad.
Sin duda, ella, como mujer cabeza de
familia ejemplar se proyectó fecundamente, como el sembrador que esparce
semillas sobre la historia, en ustedes sus hermanos, y en su descendencia, como
promesa y esperanza. Apóstol de la familia que reclama hoy en día, con
urgencia, nuestra nación, dado el grave desconcierto ético por el que atraviesa
la familia, reflejo y fundamento de la sociedad.
Digo se proyectó fecundamente, porque ella ya cumplió, como la que más, al
alcanzar la mejor versión de sí misma, y
contribuir a que los demás puedan encontrar la propia.
Como
en el año 2014, con la partida de doña Oliva, habíamos adquirido el compromiso de
dar lo mejor de nosotros mismos para contribuir en la consolidación de la
fraternidad en la familia Marquez Sarmiento, somos testigos presenciales de la
refrendación de este compromiso, por parte de yiyis, sin embargo, también,
debemos preguntarnos si nuestro comportamiento también valida dicho compromiso
y si estuvimos a la altura de la santidad alcanzada por ella.