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HEBEL…FUERZA
INVISIBLE QUE SOSTIENE NUESTRA ALMA
El pasado mes
de julio Pietro Sighinolfi Márquez realizó el lanzamiento de su tercer libro, y
del cual me concedió el honor de realizar el prólogo. Pero, antes de proceder a
compartirles el texto introductorio a su obra, quiero hacer público la
fascinante, autentica y valerosa definición que el autor hace sobre sí mismo.
“Mercenario
sin contrato, nunca se acomodó a la corbata ni al molde. Prefiere la verdad
incómoda al éxito fácil, el amor a cualquier riqueza. Abogado por obligación,
soñador por defecto, y creyente por necesidad…aunque a veces le falte la fe. No
escribe para ser leído, sino para entenderse, exigirse, y convertirse en el
hombre que su Dios, sus padres y su familia puedan mirar con orgullo. Ama con
intensidad, duda con frecuencia, pero camina con firmeza…siempre en busca de
algo más real que lo material, más profundo que la rutina. No pretende dar
lecciones, solo dejar testimonio de que intentó ser mejor”.
Hecho el
contexto del autor…proseguiré con el de la obra y su presentación para despertar
el interés y aproximarlos a la seductora narrativa.
La trama de
la obra que el lector tiene en sus manos gira en torno a las relaciones entre
tres familias de condiciones socio económicas disímiles, pero que, por
circunstancias del destino, las terceras generaciones terminan emparentadas por
la unión matrimonial de dos de sus descendientes.
La
profundidad psicológica de cada uno de los personajes del entramado refleja no
solo la profusa creatividad de Pietro, sino que muestra rasgos de su creciente evolución
espiritual. El solo título del libro ya es un indicio de la esencia espiritual
que envuelve a toda su obra, “Hebel”…aliento o fuerza invisible…que guía y sostiene,
pues, advierte que es preciso no apoyar la identidad….en el trabajo, el dinero
o el estatus, porque esos bienes placenteros “no tienen la densidad suficiente
para sostener nuestra alma”, tal como lo afirmara el rey Salomón, en su diario
personal, realzando, de esta manera, el gran valor que representan los bienes
espirituales para el desarrollo pleno del hombre, por el ajuste permanente de
su comportamiento a los principios y enseñanzas proclamados por el evangelio y
encarnados por Jesucristo.
En efecto, los bienes placenteros mencionados de las
posesiones, la entrega a la búsqueda de dinero y placer…son un goce y deleite
sobreviniente, si el sujeto no los usa para huir y eludir sus debilidades,
fallas y errores. Pero si se buscan como una compensación para eludir la tarea
de superar las debilidades, fallas, errores, frustraciones, males y pecados…se
convierten en una nueva y sofisticada enfermedad, entendida la compensación
como el mecanismo de defensa utilizado para “encubrir las debilidades,
frustraciones, insuficiencias o incompetencias en un área de la vida
enfocándose o destacándose en otra”.