jueves, 10 de septiembre de 2026

HEBEL…FUERZA INVISIBLE QUE SOSTIENE NUESTRA ALMA

 




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HEBEL…FUERZA INVISIBLE QUE SOSTIENE NUESTRA ALMA

El pasado mes de julio Pietro Sighinolfi Márquez realizó el lanzamiento de su tercer libro, y del cual me concedió el honor de realizar el prólogo. Pero, antes de proceder a compartirles el texto introductorio a su obra, quiero hacer público la fascinante, autentica y valerosa definición que el autor hace sobre sí mismo.

“Mercenario sin contrato, nunca se acomodó a la corbata ni al molde. Prefiere la verdad incómoda al éxito fácil, el amor a cualquier riqueza. Abogado por obligación, soñador por defecto, y creyente por necesidad…aunque a veces le falte la fe. No escribe para ser leído, sino para entenderse, exigirse, y convertirse en el hombre que su Dios, sus padres y su familia puedan mirar con orgullo. Ama con intensidad, duda con frecuencia, pero camina con firmeza…siempre en busca de algo más real que lo material, más profundo que la rutina. No pretende dar lecciones, solo dejar testimonio de que intentó ser mejor”.

Hecho el contexto del autor…proseguiré con el de la obra y su presentación para despertar el interés y aproximarlos a la seductora narrativa.  

La trama de la obra que el lector tiene en sus manos gira en torno a las relaciones entre tres familias de condiciones socio económicas disímiles, pero que, por circunstancias del destino, las terceras generaciones terminan emparentadas por la unión matrimonial de dos de sus descendientes.

La profundidad psicológica de cada uno de los personajes del entramado refleja no solo la profusa creatividad de Pietro, sino que muestra rasgos de su creciente evolución espiritual. El solo título del libro ya es un indicio de la esencia espiritual que envuelve a toda su obra, “Hebel”…aliento o fuerza invisible…que guía y sostiene, pues, advierte que es preciso no apoyar la identidad….en el trabajo, el dinero o el estatus, porque esos bienes placenteros “no tienen la densidad suficiente para sostener nuestra alma”, tal como lo afirmara el rey Salomón, en su diario personal, realzando, de esta manera, el gran valor que representan los bienes espirituales para el desarrollo pleno del hombre, por el ajuste permanente de su comportamiento a los principios y enseñanzas proclamados por el evangelio y encarnados por Jesucristo.   

En efecto, los bienes placenteros mencionados de las posesiones, la entrega a la búsqueda de dinero y placer…son un goce y deleite sobreviniente, si el sujeto no los usa para huir y eludir sus debilidades, fallas y errores. Pero si se buscan como una compensación para eludir la tarea de superar las debilidades, fallas, errores, frustraciones, males y pecados…se convierten en una nueva y sofisticada enfermedad, entendida la compensación como el mecanismo de defensa utilizado para “encubrir las debilidades, frustraciones, insuficiencias o incompetencias en un área de la vida enfocándose o destacándose en otra”.